lunes, enero 28, 2008

AFICIÓN.

Su equipo se jugaba la permanencia en primera y eso para él era mucho más importante que llegar puntual a una boda, aunque él fuera el sacerdote que debía oficiarla.

-Uno cero por delante a falta de dos minutos, ¡ Estaba hecho coño ! ¡ Estaba hecho ! seguiríamos en primera.- Pensaba nervioso mientras acababa de arreglarse el atuendo clerical para bodas sin quitar ojo de la pantalla.

-Han pasado diez minutos de las siete Don Miguel, la gente espera, los novios se ponen nerviosos y....- Empezó a decir Antoñito el sacristán.

Don miguel lo interrumpió con autoridad, levantando la mano cual Papa en papamóvil.

-Mira Antoñito, el sacramente del matrimonio es muy importante ¿No querrás que oficie la misa intranquilo, pensando en otra cosa? Algo tan importante como lo es la unión de dos seres enamorados no debe nunca estar sujeto a los caprichos del reloj.-

Los tres pitidos finales se oyeron claros en la sacristía, estaba hecho, el equipo seguiría en primera a pesar de la mala temporada.

-Por contra en el fútbol sí, en el fútbol es el reloj del arbitro el que manda.- Remató la sentencia mirando a Antoñito el sacristán.

El murmullo de la capilla se apagó cuando él entró, a sus setenta años tenía ya muchas bodas a cuesta, muchos entierros y muchos bautizos, la gente no le asustaba y dominaba el altar como si de un escenario se tratara.
Antes de hablar hizo un recorrido con la mirada por la primera fila.

Allí estaban los Sánchez y los Ruiz por una parte y los Mateos y los Pérez por la otra, uniendo su árbol genealógico futuro a través de la boda de sus vástagos.

Ramiro, el patriarca de los Sánchez buscó con la mirada la idem de Don Miguel, levantando discretamente el pulgar de su mano derecha cuando éstas se encontraron. En silencio le decía que estaba hecho, que seguían en primera.

Don Miguel ofició la boda de forma alegre, habló del amor y del paso del tiempo, de anillos y de relojes intrascendentes.
-Aquello no era fútbol.- Acabó diciendo.- El matrimonio era mucho más importante, era sagrado.-

La música del órgano y los aplausos del respetable pusieron fin al acto, Don Miguel paseó por útima vez la mirada entre el público, allí estaban algunas, María la de la mercería y Juana Contreras en la tercera fila y más al fondo también pudo ver a Agustina la Albahaca.

Al día siguiente se sentó a esperar frente a la televisión, miró su reloj, cinco minutos para el comienzo de Estudio Estadio, cinco minutos para recordar a aquellas mujeres, su afición por el Sevilla FC sólo era superada por aquella otra gran afición, aquella por la que todo el pueblo lo conocía como:
Don Miguel, "el pollajierro".

Fin.

EL SUSURRO DEL CANAL I.

El sol nos decía adios y ninguna de nuestras destartaladas bicicletas llevaba luz o faros.Todavía ibamos por el camino de tierra y no había peligro pero pronto tendríamos que enfilar la carretera exponiendo la vida a la suerte, a la mala o a la buena suerte, eso si queriamos llegar al pueblo, a nuestra casa.Así el astro rey puso el cartel de "cerrado" y la noche acabó por atraparnos en medio del camino, junto al canal.No sé quién lo propuso pero hicimos una parada.Habló primero "El Butanito" que con once años era el mayor de los que ibamos:-Ey tíos, ya mismo llegamos a la carretera y a mi me dan miedo los camiones, yo no sé ustedes pero yo prefiero quedarme aquí hasta mañana, prefiero una paliza de mi padre a que me pille un camión por detrás.--Si llego mañana a mí el mío me mata a correazos.-Dijo Felipe, el más pequeño.-Prefiero morir a correazos que aplastado como una cucaracha por un monstruo de esos, así que Felipito, preparate para pasar frío esta noche, por la mañana te vendrán bien los correazos de tu viejo para quedarte calentito.-Dije yo, poco convencido pues sabía que aquella noche se nos haría pesada como una lápida, pesada como una gran losa fría y dura.A unos cien metros, junto a lo que parecía un descomunal "garrote vil" oxidado pero no era otra cosa que una compuerta para el agua, estaba el antiguo refugio de Diego Corrientes, el bandolero, allí cabríamos los tres y estariamos más protegidos del frío, eso sí, si no acababamos muertos por la pestilencia que imperaba dentro.Butanito encendió su mechero de fumador novato y alumbró el cuartucho.Paredes pintarrajeadas con mierda y, repartida por el suelo la materia prima utilizada por el artista en forma de cagarrutas de todos los tamaños y tonos cromáticos, tonos cromáticos entre el marrón y el negro claro está, bolsas de plástico viejas y vacías y alguna jeringuilla usada por algún yonki rural, el mobiliario de la "suite del canal" estaba a la altura del garito.Los pájaros a la altura de la jaula.Es lo que había... así que buscamos leña y nos dispusimos a echarle arrestos a la noche.


EL SUSURRO DEL CANAL II.

Butanito hizo honor a su nombre y encendió la hoguera, de leña ibamos sobraos, también rocogimos las cagarrutas más apestosas y las echamos fuera del cubil.Al final, entre la iluminación cinemascópica del fuego y el cielo estrellado por techo aquello cobró un tono mágico e irreal, en ese momento me puse a pensar que los correazos paternos posteriores merecerían la pena, aquella situación era nueva y única para nosotros y la verdad es que resultaba emocionante y divertido, como todo peligro controlado.Alrededor del fuego nos abrimos cada uno un hueco entre la yerba.Sólo recuerdo que la conversación fue animada, que especulamos sobre la posibilidad de que la policía nos encontrara y nos imaginamos a nuestras viejas con el moño en la cabeza, en bata, llorando, y a nuestros viejos con la correa en la mano y en calzoncillos blancos.Sólo recuerdo que nos reímos mucho y que poco a poco la conversación fue muriendo hasta que nos quedamos dormidos, sólo recuerdo eso, lo que pasó después sólo fue un sueño.Primero oí gritos, gritos que parecían dar órdenes, después se fueron sumando sonidos, el sonido del golpe de diezmil picos, el sonido del roce con la tierra de diezmil palas, pude oir el ritmo cansino de diezmil martillos golpeando el hierro y pude oir el jadeo triste y cansado de diezmil almas agotadas de no esperar nada.La orquesta sonaba a compás, todo medido, una orquesta formada por músicos esclavos tocando instrumentos mono-tonos y dirigidos con látigo en vez de batuta.La noche fue pasando y la triste melodía fue muriendo.El frío apagó todo sonido, apagado el fuego la helada del amanecer nos despertó.Los tres nos miramos en una mirada imposible, por las legañas, meamos en los rescoldos de la hoguera y nos montamos en las bicis , no hablamos , no hicimos comentario alguno, los tres iniciamos el pedaleo en total silencio, en busca del sol naciente tan luminoso y cálido en aquella parte de las marismas.Sin hablarnos descubrimos que aquella tierra escondía algo... y los tres supimos desde aquella noche que algo oscuro había pasado en ese canal, diezmil voces nos lo decían, no pude contarlas pero sé que eran diezmil, me enteré después, de mayor, cuando a aquel canal le cambiaron el nombre y le pusieron "El Canal de los Presos".

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UN SITIO COMO OTRO CUALQUIERA.

Santamaría no recogió sus cosas como le habían ordenado, por contra se encaminó al despacho del Sr. Barrote con la esperanza de poder convencerlo de que su sitio no podía estar en otra parte, llevaba allí toda la vida y no sabría vivir de otra forma, si hacía falta llegaría a suplicarle.El Sr. Barrote le ofreció asiento y le invitó a coger algún dulce de la mesa: polvorones, mantecados y roscos de vino. Cogió varios y se los metió en el bolsillo.-Son para después...si a usté no le importa claro.--No te preocupes, coge los que quieras. Santamaría, sabes que te tenemos aprecio y que eres toda una institución aquí.--¿Una qué?--Una institución, bueno...olvídalo, el caso es que a pesar del cariño que te tenemos tienes que abandonarnos, tu tiempo aquí acabó, te quedará una paga suficiente como para poder vivir tranquilo. Ahora que se acerca la navidad, en fín... tómatelo como un regalo de Reyes.-Santamaría fue a hablar pero se quedó mudo, como siempre le pasaba en los momentos importantes, el detallado discurso, todas aquellas palabras tan atinadas en su cerebro y que había pensado y ensayado para la ocasión no salieron de su boca y se limitó a pronunciar un tímido:-Quiero quedarme Sr. Barrote.-Pero no hubo manera, ni el par de lagrimones que soltó sirvieron para nada, la suerte estaba echada a no ser, claro está, que hiciera algo al respecto, algo impropio y al límite.Salió del despacho decidido a hacerlo pues de lo contrario lo arrojarían fuera de su propio mundo, tenía que impedirlo a toda costa.-Seguro que todos se ponen de mi parte.-Pensó mientras la idea iba cogiendo forma en su cabeza.-Seguro que sí, el Sr. Barrote no es un hombre querido aquí, yo sí, hasta los guardias de seguridad confían en mí.-Siguió pensando mientras la idea terminaba de gestarse en su cerebro.Cuando el guardia de seguridad Arturo Ripollet se dió cuenta ya era tarde, su pistola ya estaba en las manos de Santamaría y éste ya estaba entrando en el despacho de Manuel Barrote.Los disparos sonaron en todo el centro penitenciario.-Todos estarán conmigo, él no caía bien y yo sólo quería quedarme en donde nací, en mi hogar.-Convencido por sus propios pensamientos, mansamente, dejó que el agente Ripollet lo desarmara recuperando su pistola.Ya en la celda de aislamiento, sentado en una banqueta, se sacó uno de los roscos de vino del bolsillo, lo abrió y lo mordió, el sabor del dulce lo transportó a navidades pasadas, a cuando de niño se lo rifaban las reclusas por tenerlo en brazos.
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CEMENTERIO DE AUTOMÓVILES.

La ciudad se lo come todo, avanza pisando campos cual sarna en la piel de un perro y como ésta no distingue el alimento, granjas, charcas, cultivos, árboles y campesinos son engullidos por igual.En mi ciudad había un cementerio de automóviles que resistió el empuje del hormigón, quedó ahí, en medio, rodeado de edificios de cinco plantas contruidos para la nueva clase media, viviendas familiares para currantes que ya podían tener coche y piso propio con televisón a color, video y armarios empotrados.El cementerio de automóviles se convirtió en parque de recreo infantil para los hijos de los currantes, alli se jugaba a la guerra, a las carreras, al escondite y algunos hasta se hicieron su primera paja, atrincherados en moho y al abrigo de la intimidad que le daba la parte trasera de un citroen panadero declaraban su amor a la herrumbre, a la herrumbre sí, la única hembra que visitaba aquel lugar. Aparte de las ratas.En la noche eran las reinas, las ratas mandaban.El dueño del desguace era tan tosco y duro que pegaba a sus hijos con un cable de acero forrado de plástico, era tan duro que ni el hormigón ni las excavadoras pudieron con él, sólo años más tarde una recortá lo puso en su sitio, dicen algunos que fué uno de sus propios hijos el que le voló los sesos, dicen que lo amordazaron y amarraron sentado en una silla y allí mismo, a bocajarro, le metieron perdigones hasta en el alma.Fuera así o no, le llegó el turno, pagó sus cabronadas y su saña alimentada de acero y plástico.Ahora estará en el otro cementerio, en el de desguaces humanos, el único sitio de mi ciudad por el que el hormigón no ha pasado todavía, así...después del cementerio no hay nada.Desde el infierno...Portero de Noche.
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domingo, enero 27, 2008

PLENOS EN EL PLENO. I

Fué el único momento de tensión, de peligro, Santiago Villacabras, el concejal de parques y jardines había abandonado el Pleno y se había subido a una palmera de cinco metros , allí encaramado y armado con unas tijeras podadoras amenazaba con hacer palmas con el duro suelo del patio del ayuntamiento.
Desde dentro de la barra de la cafetería yo observaba...y reía, a pesar de estar hasta los güevos de poner cafés en la primera hora de la mañana.

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Dos días antes recogí en correos el paquete postal, en mi casa comprobé impaciente el contenido, estaban las camisetas, los discos y estaba también lo más importante, la camisa de lunares, una camisa muy flamenca adornada con cien lunares verdes. Todo correcto, mi primo de Holanda se había comportado como un campeón.

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Santiago Porras y Pepe el Tiritos, los dos agentes de la policía municipal encargados de vigilar el Pleno del ayuntamiento se situaron bajo la palmera, mirando y señalando hacía arriba se desternillaban de risa.

-¡ Que se caiga el concejal, que se caiga el concejal !-Gritaban al unísono y a compás entre carcajadas compulsivas y apretones de mandíbulas. Acto seguido se pusieron a mear en la base de la palmera sin parar de reir.

Estaban escurriéndose la picha los guripas cuando apareció por el patio la Gorda, la concejala de festejos, una especialista en traer a las fiestas del pueblo a los grupos musicales más malos y horteras, la Gorda se quedó parada, mirando a las porras de los pasmas que empezaron a empalmarse.

-Hey Gordita, ¿tú no eres de festejos? pues vente y hacemos una fiesta, mira lo que tenemos aquí para tí, dos rabos municipales para tí solita.-

La gorda concejala movió su cuerpo hacía los policías y cuando estuvo a su altura se puso de rodillas, yo empecé a ponerme cachondo.
La tórrida escena fué interrumpida por el sonido de un grito, un golpe seco, otro grito y un tintineo, el concejal Villacabras y las tijeras podadoras ya estaban en el suelo.

Pero eso sólo era el principio.

-Hey chicos, subid aquí arriba.- la secretaria del Alcalde gritaba alegre y completamente desnuda desde el balcón de la alcaldía.

Los guripas se olvidaron de la gorda y se fueron hacía las escaleras pués Mónica, la secretaria, estaba cañón.
La Gorda por su parte, al verse sola, se fué a por Villacabras que se debatía entre el dolor de la caída y las risas compulsivas, le bajó los pantalones y empezó a chupársela, Villacabras se quedó completamente callado, se ve que la concejala era buena en su trabajo.

Mientras todo esto ocurría en la planta baja, en la idem superior se desarrollaba el Pleno ordinario, gobierno y oposición se enfretaban e insultaban cada semana mientras algunos ciudadanos bostezaban despatarrados en los asientos para el público.Eso es lo que sucedía en un pleno normal, pero el de aquel día era especial y lo de abajo sólo un aperitivo.

Me apreté los machos y me dispuse a subir.

viernes, enero 25, 2008

PLENOS EN EL PLENO. II

Escaleras arriba llegué a la segunda planta de la gran casa señorial que hacía de consistorio.

Un pasillo, flanqueado a mi derecha por grandes cristaleras rodeaba el patío interior formando un gran cuadrado, las cristaleras quedaban a la altura de la Palmera.

Al fondo del pasillo, la puerta del salón de plenos estaba abierta y la gente entraba y salía corriendo y riendo.
El Sr. Torreblanca, alcalde veinte años en el cargo, apareció por el pasillo micro en mano:

-Y yo estoy aquí, aquí, para desirteeee.-Se creía que era Raphael.

Rufete el ordenanzas y Martín Carapeo, pelota oficial del alcalde, le hacían los coros y tocaban al estilo air guitar a su alrededor.

-Y yo estoy aquí , aquí, para quedarmeeee.-Raphael seguía cantando emocionado.

Me fuí acercando a la puerta, a ver que me encontraba dentro.

El capitán Tolosa, jefe de la policía municipal andaba por allí con los pantalones bajados , porra en mano buscaba a alguien a quien sodomizar.

María Pota, concejala de sanidad, había descolgado la bandera de la ciudad haciéndola jirones.
-Vendas, vendas, vendo vendas.-Pregonaba con la mirada perdida.

Zamora, uno de los electricistas del ayuntamiento enredaba con el equipo de megafonía y una caja de discos compactos, de pronto empezó a sonar la música.

-Pajaritos por aquí, pajaritos por allí.- Al son del acordeón de Maria jesus los pájaros se pusieron a bailar.
Entre baile y baile se sodomizaron, cantaron, lo pasaron bien y por fín aquella casa funcionó como debía de ser.
Todo gracias a mi primo...
... y a aquella camisa tan flamenca con cien lunares verdes recien llegada de Holanda.

Fin.

miércoles, febrero 14, 2007

CONFESIONES DE UN CONVERSO.

I. EL PASEILLO.

El calor me despertó por tercer día consecutivo así que pensé que definitivamente había llegado el verano y con él, el calor insufrible con el que castiga a los pueblos del interior andaluz.
Como cada mañana me fui al bar “Pinto”, a tomar café y a leer el periódico entre ruidos de cafetera, choques de vajillas y carraspeos de ancianos. El ritual diario de tomar café y ojear el periódico era para mí sagrado, primero la sección de deportes, una pasada después por las noticias generales, los sucesos y terminaba con espectáculos y cultura, la sección de economía me daba grima y la taurina me la saltaba a la torera, sección aparte era la de ofertas de trabajo, ahí me paraba y pedía a Benito, el camarero, un bolígrafo.
Entre miles de anuncios de academias para opositores, vendedores, agentes comerciales y casas de relax encontré la solución a mis problemas económicos y la excusa perfecta para decir adiós al calor y al aburrimiento de un verano más en mi ciudad.

"SE NECESITA PORTERO NOCTURNO PARA HOTEL EN LA COSTA”

Cuando leí aquel anuncio no lo dudé un instante y llamé, llevaba tiempo sin trabajar y el dinero se iba como se van los pájaros en invierno. Cuando querías darte cuenta, irremisiblemente desaparecían, los pájaros del cielo y los ceros de la cuenta corriente.
Así que llamé sin dudarlo y no tuve muchos problemas para que me dieran el trabajo, supongo que no tanto por mis cualidades si no porque la gente dispuesta a trabajar de noche escasea bastante.

Mis labores se reducirían habitualmente a cobrar a los clientes que se iban de madrugada o entregar alguna llave o alguna toalla. En un horario de lo peor era el mejor de los trabajos para llevar a cabo mis aficiones sedentarias y me facilitaría la soledad necesaria para escribir.
Así el hotel se convirtió en marco inmejorable para mi vocación literaria y aquel pueblo costero en el decorado de mis nuevas aventuras.
Mi vida nocturna empezó a girar en torno a llaves que abrían y cerraban puertas que me recordaban con suma exactitud al engranaje-cerradura en que consiste la propia vida.
Por supuesto, también en torno a los huéspedes, compuestos por turistas y viajeros. Ni que decir tiene que no es lo mismo una cosa que la otra, para el viajero, el camino recorrido es fuente de aprendizaje, para el turista, el camino es sólo una obligación ineludible y a menudo engorrosa.
Dado, pienso yo, a que no era un hotel barato, normalmente acudían por allí más turistas que viajeros y, normalmente también más extranjeros que españoles.
Extranjeros venidos de Europa o Estados Unidos, por allí no asomaba el cuello ningún nigeriano o senegalés que también son extranjeros pero tampoco son la misma cosa.
Así, sobre todo en verano que el hotel estaba a rebosar, la tranquilidad era rota de vez en cuando y se transformaba en efímera aventura, algún encuentro con alguien especial, alguna situación curiosa, alguna chica temeraria.

Hasta esa noche mi opinión sobre el mundo de los toros era más bien negativa, incluso en mi juventud llegué a participar en activismo anti taurino, esa noche mi visión de la fiesta (o tragedia) taurina cambió por completo.
Fue la noche en la que ellos llegaron.

II. A CAPA Y ESPADA.

A las cinco de la mañana el estruendoso pitido del teléfono me hizo pegar un respingo en el sillón de recepción.
Era el mozo de espadas de un joven matador de toros y tenían habitaciones reservadas para él y toda su cuadrilla, estaban en la carretera y llegarían en media hora.
No obstante y a pesar del sobresalto un servidor esperaba esa llamada pues mi jefe me dejó una nota con una serie de indicaciones al respecto.

Exceptuando la llamada torera la noche había sido muy tranquila pues Septiembre tiene el poder de expulsar de golpe a las hordas agosteras que invaden los veranos de la costa andaluza.
Y ahora que caía en la cuenta, el hotel estaba casi vacío, la cuadrilla de toreros lo ocuparía prácticamente en su totalidad así que en media hora la noche dejaría de ser tranquila.

Pasada la media hora apareció una gran furgoneta de la que empezó a salir gente, que a su vez comenzó a sacar cosas de la parte trasera de la misma, a un ritmo lento pero sin pausa, cómo aquel que lo ha hecho mil veces y lo hace de memoria, por costumbre, baúles, cajas metálicas, maletines, trajes y unos embalajes muy extraños y curiosos que resultaron ser las botas de los picadores.

Aquel trajín rompió el silencio de la madrugada con golpes secos y pesados.

Un neófito taurino como yo no podía imaginar que una cuadrilla de toreros llevara tantos bártulos y enseres así que le sugerí al mozo de espadas que entrara en el hotel para planificar la ubicación de tanto equipaje.
El matador venía en un coche aparte, con su también joven novia, ocuparían la suite en la soledad de lo más alto del edificio.
Una vez repartidas las habitaciones y ubicados los bártulos, el trasiego de toreros por recepción no se hizo esperar.
Mientras tanto se me ocurrió buscar en internet la página web del matador, allí encontré información y fotos de todos los integrantes de la cuadrilla. Así cuando fueron apareciendo por recepción yo ya sabía hasta sus nombres.
El primero en aparecer, un hombre de unos cincuenta años, de rostro curtido y grandes patillas traía ropa para la lavandería.

-"A vé zi pué eztá pa lá cinco la tarde".-

-No se preocupe señor.- Le dije mientras metía la ropa en bolsas y anotaba la hora de entrega. Me dio las buenas noches y se fue por donde había venido.
Acto seguido busqué su ficha en la pantalla del ordenador, resultó ser picador, cosa que yo ya había intuido por las ropas que estaban en las bolsas y, sorpresa, el buen hombre había nacido en el mismo pueblo que un servidor, que pequeño es el mundo.

Sin tiempo para leer hasta el final los datos de mi paisano apareció por recepción el primer banderillero portando una extraña tela, algo parecido a una funda para una silla y me dice con marcado acento "granaíno" que también hay que lavarla:

-" Tan cuidao, eh dónde she shienta er mataó y aestá llena de shangre"

-¡Dios!- Es lo único que salió de mi boca.

-" Tranquilo hombre que no eh shangre humana que eh shangre de toro".- Apostilló el banderillero.

III. ESTOQUE Y MULETA.

Pero...
Me pregunto qué pasaría, sí en la tarde de mañana esa misma y extraña tela se tiñe de sangre humana y no de toro.
Pienso en el matador, abrazado a su novia... y puedo sentir, casi tocar, el sosiego de la madrugada de la que puede ser su última noche, pienso en la despedida incierta de los novios:
¿Un adiós para siempre o un sencillo hasta luego?

Al día siguiente, cómo otras veces, el hotel estará rodeado, sitiado más bien por insufribles
papparazzis en busca de la noticia fácil, estarán más pendientes de cualquier nimio cotilleo que del verdadero "ser" taurino, intentando transformar el arte del chismorreo en periodismo.

En cambio, sí la fiesta se torna en tragedia, si el desenlace hace que el matador caiga sin vida en la arena, este mismo hotel dónde ahora me hallo pasará a la historia de la tauromaquia y la suite donde el torero pasó su última noche se llenará de recuerdos macabros que a buen seguro recogerá algún que otro historiador del toreo.
En fin...al toro y que Dios reparta suerte.

IV. DE COSTADO FRENTE A LA MUERTE.

La cuadrilla se fue, su recuerdo se desvanece y para mí sólo queda la esencia, la esencia de los recuerdos.
Y ahora, recopilando emociones, todo empieza con un descomunal 4x4 aparcando en la acera de la puerta principal del hotel.
De la puerta trasera baja un hombre con cara de niño pero con mirada profunda y el sosiego de la experiencia en los gestos, doce horas en coche no le han arrugado el atuendo.
¿Qué son doce horas en coche si al día siguiente te juegas la vida?
En esos ojos esta reflejada la muerte pero yo no lo percibiré hasta días después, hasta esta misma noche, en la que empecé a enfrentarme a la esencia, a la esencia de los recuerdos, a lo que queda después del olvido.

Con la elegancia propia de un pistolero a la espera de la puesta de sol, el hombre-niño baja de su montura de cuatro ruedas, me atrevo a mirarle a los ojos durante unos segundos y me da la mano amablemente, en silencio, sobran las palabras.
Conmigo no va la disputa y hablará mañana en la plaza, cuando pise la arena, yo hago lo mismo y callo, hablaré noches después, hoy, la noche en la que escribo esto.

La entrada al hotel se convierte en escenario y nosotros en actores, su novia representa el amor, imprescindible el amor, el mozo de espadas es el padrino y yo el testigo, el cronista que dará vida escrita, quizás con sangre, al acto.
Los personajes están ahí y la tragedia estará servida, la juventud enfrentada a la muerte. Emoción e inquietud a merced de la suerte caprichosa, a merced del olor (y del dolor) que produce la sangre, la sangre joven.
Después en el ascensor, el reducido espacio hace que nuestros alientos se mezclen y que nuestras miradas huyan unas de otras, no miraré tan de cerca a la muerte en los ojos de un niño.

No tan de cerca, no en los ojos de un niño.

Ya en la suite todo es calma y los alientos vuelven a su sitio, en la terraza nuestras miradas se sienten libres y se pierden en dirección al castillo, con el océano y el mar de fondo y más al fondo... la otra orilla.

Fin.

miércoles, diciembre 27, 2006

DESMEMORIAS DE AFRICA.
(La otra versión, con final distinto, está en cementeriodeautomoviles.blogspot.com)


Antes de su llegada yo sólo sabía lo que Marco me había contado sobre él, me dijo que su primo Paolo era un tipo brillante en todo lo que hacía, que había cruzado el Atlántico en un pequeño velero y que tocaba varios instrumentos musicales de forma notable.
Que había empezado un par de carreras universitarias y que ambas las abandonó en el último curso, que era "un máquina" de la informática y dominaba varios idiomas.

-Paolo es un buen elemento.- acabó diciéndome Marco con su acento milanés.

Aquel día Paolo volvía de un largo viaje de tres meses por el oeste Africano, tres meses sintiendo en su propio pellejo la naturaleza indómita de una zona a la que los antiguos negreros llamaban "la costa de los esclavos" , países como Togo, Ghana o Benin surtieron en aquellos años de mano de obra gratis a las colonias del caribe.

Por razones que no vienen al caso tuve que compartir mi casa durante dos meses con Marco, el hecho, lejos de deteriorar nuestra amistad, cosa que ocurre casi siempre, la afianzó hasta tal punto que pasábamos casi todo el tiempo juntos, eran especiales las tardes en el porche, leyendo, jugando al ajedrez o simplemente mirando al mar sin mover un músculo, llenos de sencillo gozo dábamos jaque mate a la tarde, al sol.
Marco me pidió que le acompañase en su coche hasta el puerto de Tarifa, allí recogeríamos a su primo y lo traeríamos a casa, con nosotros estaría varios días antes de volver a Milán.

En el puerto había poco ajetreo de viajeros así que no fue difícil visualizar a Paolo, pelo rapado al uno, mediana estatura, camiseta roja descolorida por el sol, vaqueros raídos y destartaladas sandalias de cuero.

-Todo normal.-pensé, sobre todo para un tipo que viene de estar tres meses por lugares salvajes.

Menos normal fue el frío saludo a Marco frente al intento de abrazo de éste, aquello fue un verdadero abrazo unilateral. Ni que decir tiene que a mi casi ni me miró.

Ya dentro del vehículo siguió callado, sentado en la parte trasera perdió la vista hacía el mar en cuanto enfilamos la carretera que bordea la costa, sus ojos se perdieron en el Estrecho. -Bueno... al fin y al cabo es normal que no diga ni "mu", vendrá muerto el pobre.- pensé por segunda vez.

Tras recorrer varios kilómetros a través de la Nacional 340 Marco aminoró la velocidad y torció a la derecha, la noche ya era noche así que el camino de La Peña lucía totalmente oscuro, a veinte kilómetros por hora fuimos subiendo entre baches hasta lo alto de la colina, allí estaba nuestra casa.
Desde La Peña puedes divisar el Estrecho, la gran duna de Valdevaqueros y en los días claros la otra orilla, coronada por el Jebel Musa en el Este y Tánger poniendo fin al pasillo de agua salada en el lado Oeste. En medio, un mismo agua bañando dos tierras distintas que en los días claros parecían más cerca, parecían la misma tierra.
Probablemente en aquellos momentos de oscuridad y aguas dóciles alguien en medio del frío Estrecho estuviera pensando todo lo contrario y sus ojos, escocidos por la sal, vieran nuestra orilla más lejos que nunca.
El ladrido de los perros me sacó de mis pensamientos, habíamos llegado a casa.

No pude quedarme mucho tiempo pues en media hora debía estar en el restaurante, ponerme el mandil y darle de comer a un montón de “blancuchos” turistas con la piel de las caras, los cuellos y las piernas maltratadas por el sol. Así que cogí mi coche y me puse a desandar el camino, es lo que tiene vivir en medio del monte, sobre todo de noche dependes inexorablemente de algún vehículo.
Al final del camino la carretera me devolvía al mundo real, a ambos márgenes del asfalto, restaurantes, hoteles y campings ocupaban todo espacio físico, en uno de aquellos restaurante trabajaba un servidor.
Llegué sin ganas de trabajar, de hecho me hubiera ido antes de llegar, sí eso fuera posible claro.

Entre conversaciones en inglés y brochetas de mero llegó la hora del cierre, momento especial.
Mezclas en una coctelera una dosis alta de soledad, unos gramos de nostalgia, unos litros de deseo y un chicle recién despegado del suelo, todo ello agitado y aderezado con la medida exacta de humo de tabaco y vapores de alcohol, a eso me sabe a mi el momento de cierre de un bar. Y también la música, que una vez se marchaba la gente quedaba toda entera para un servidor, cada acorde, cada letra de una canción encontraba su sitio lejos del murmullo atronador de una panda de comensales.

Con tales pensamientos salí de la nacional y, pacientemente, comencé a subir la colina, delante de los faros del coche la tosca calzada se abría entre piedras y palmitos, cercos de corrales y los últimos insectos del ya mediado Septiembre que golpeaban el parabrisas en plan kamikaze. A un kilómetro de casa tuve que parar, había algo inerte en medio del camino, bajé del coche agradeciendo el aire puro, el silencio, lejos del ruido de platos, tenedores y conversaciones que no me interesaban o que ni siquiera entendía.
Con un gesto mitad pena y mitad asco la moví levemente con el pie derecho, estaba muerta, desangrada, algún perro se había cebado con ella, con una pobre gallina, la señora Manola se iba a llevar un buen disgusto.

Llegado a casa pasaban las dos de la madrugada y, como siempre, Mundo y Sara me ofrecieron su sinfonía de ladridos a modo de recibimiento, antes de acostarme eché un cigarrito en el porche, la noche estaba en calma, no así los perros que seguían ladrando, rompiendo la costumbre de callarse una vez yo estaba dentro de la zona cercada que rodeaba la casa.
Media hora más tarde, metido ya en la cama me acordé de la gallina degollada.- Ese perro "matagallinas" ronda cerca.-pensé. Un rato después caí dormido.
...recuerdo que los perros, mis perros, seguían ladrando.

Al día siguiente me bajé de la cama pasado el mediodía, Marco estaba en el salón, tirado en el sofá leía una revista de cine con Bela Lugosi en la portada, mientras preparaba café le pregunté por su primo.

-Pues estará en su habitación, ni lo he llamado, ayer vendría cansado, te digo yo que no es así de raro y por eso he pensado que le vendrá bien dormir hasta que se lo pida el cuerpo. En todo caso si no se despierta lo llamo en un rato.- me dijo.

Dispuesto a acribillarlo a preguntas sobre las rarezas de su primo iba a abrir la boca pero los ladridos de Mundo y Sara me hicieron cerrarla, repentinamente mi mente se fue a otro sitio, en unos segundos mi cabeza estaba de nuevo en el camino, viendo a aquella gallina muerta.
Marco se quedó a la expectativa.

-¿Bueno qué?- me apremió a que dijera algo.
-¿Te has dado cuenta Marco que los perros no paran de ladrar? anoche cuando volvía me...

De nuevo interrumpí mis palabras, esta vez porque la señora Manola gritaba desde la verja de entrada.
Así que Marco se enteró de la historia por boca de la vecina, yo por mi parte escuché con interés los nuevos detalles que aportó la señora Manola, entre otras cosas que no habían degollado a una gallina.
...fuera lo que fuera o quien fuera había sacrificado a cinco gallinas y a un cordero, todos sacados por la fuerza del corral y esparcidos sus restos por el monte.

La señora Manola miró con una pizca de desconfianza a Mundo y a Sara.

-¿Están muy nerviosos no?- preguntó la mujer.

-Señora, usted sabe perfectamente que mis perros son incapaces de hacer algo así.

-Si yo te entiendo hijo pero los perros también padecen enfermedades, también se vuelven locos como las personas, si hasta los humanos matan ¿como no va a tener instinto asesino un animal que viene del lobo? los tuyos además son muy grandes. Este viento de levante que azota estas tierras vuelve locas hasta a las piedras.- la señora manola hablaba sin quitar ojo a los perros.

-En el momento que yo notara que alguno de mis animales...en fin que yo mismo...usted ya sabe.-le dije dando por terminada la conversación.

Manola se fue murmurando frases ininteligibles y yo me quedé pensando en el asunto.

Ese día tenía turno de mañana así que me tomé el café y me marche al trabajo.

-Dale saludos de mi parte a la marmota ¿todos en Milán sois igual de tranquilos?- le pregunté retóricamente a Marco antes de irme.

Hoy tocaba almuerzos en vez de cenas, bikinis y pareos en vez de trajes de noche y mangas de repuesto por si acaso, la brisa fresca que trae el viento de poniente bajaba grados a la noche de Tarifa y los pueblos del interior lo agradecían como lluvia de abril, se olvidaban por unos momentos del calor sofocante del verano andaluz.
Entre platos de pasta, carpaccios de atún y chicas tatuadas con soles y lunas se me pasó la tarde volando. A las seis estaba ya en la carretera, eso si, inmerso en una caravana de automóviles impropia en el mes de Septiembre. El querido y deseado Septiembre.
Cuarenta minutos después estaba en casa, caía ya el atardecer y ocurrió algo que en otra situación no me hubiera preocupado lo más mínimo y es que sólo vino a recibirme Sara, con el rabo entre las patas y en actitud temerosa.
Entré en la casa llamando a Marco, no estaba, miré en el dormitorio de Paolo y tampoco estaba, salí afuera y me puse a llamar a voces y a silbidos a mi perro, a Mundo.
A los veinte minutos apareció Marco cargado de compras, no sabía nada del perro ni de su primo.

-Lo dejé acostado, como está tan bucólico quizás esté dando una vuelta por el campo, no creo que sea capaz de volver de África y después sea tan tonto de perderse por estos montes.-fue toda su respuesta.

La noche llegó profunda y los gritos de los animales salvajes pusieron música a la madrugada, ni rastro de Mundo, ni rastro de Paolo.
Opté por llevarme a Sara dentro de la casa, no la dejaría sola en una noche tan oscura.

La tranquilidad de Marco hizo que esperáramos un par de días para denunciar su desaparición, así como para mirar en su vieja mochila y avisar a su familia más cercana. Su hermana mayor intentaría llegar cuanto antes desde Milán.
Por nuestra parte y antes de irnos al cuartel de la guardia civil registramos la pequeña y sucia mochila de Paolo.
En su petate no había nada, a excepción de la cámara de video, que fuera habitual en el equipaje de un viajero occidental actual. Por contra traía unos frutos extraños metidos en un bote de cristal, supuse que se trataba de nuez de cola aunque no estaba seguro. También traía un rollo de palillos atados con cuerda.

-Eso lo utilizan allí para limpiarse los "piños".- dijo al momento Marco con su acento italiano-andaluz.

Una camiseta negra destrozada y unos calcetines más destrozados aún, completaban las propiedades del joven viajero italiano.

Visto lo visto nos fuimos a por la cámara de video.


Esa tarde nos tragamos varias horas de grabaciones, las imágenes, a medida que avanzaba la cinta fueron asilvestrándose, volviéndose agrestes.
Empezando por el bullicio de Dakar y hasta llegar a la máxima sencillez en la forma de vida del pueblo más pequeño e ínfimo del oeste africano.
Los diez últimos minutos de grabación nos dejó un mal sabor de boca.

“Paolo estaba sentado en el suelo sobre las alfombras del interior de lo que parecía una jaima, sentado frente a él y con una mesa baja y redonda por medio, un hombre que parecía muy alto, aun sentado lo parecía, realizaba una especie de ritual.
El hombre, por sus ropas, su rostro curtido y sus barbas parecía una especie de señor bereber.
En una tetera puso agua hirviendo, echó en su interior unas hierbas y acabó introduciendo un gran manojo de raíces secas. Todo ello acompañado por un discurso en una lengua extraña y desconocida para nosotros.
Con voz grave y profunda ponía ritmo a la ceremonia mientras agitaba arriba y abajo una extraña botella adornada con siniestros abalorios".

La grabación terminaba bruscamente antes de que la extraña infusión fuera servida.
Y lo extraño era que Paolo no volvió a grabar con su cámara en ningún momento del largo viaje de vuelta, según mostraba la fecha digitalizada en la pantalla había transcurrido una semana desde la última grabación.
Esa misma tarde pusimos una denuncia por desaparición en el cuartel de la guardia civil más cercano.

Durante esos dos días seguí buscando a Mundo, acompañado de Sara estuve mirando por los alrededores y preguntando en las casas más cercanas sin ningún éxito, al tercer día prácticamente lo daba por perdido o peor aún, por muerto.

Ese tercer día nos levantamos al amanecer, así lo habíamos decidido la noche anterior y, dado que era mi día de descanso lo dedicaríamos a buscar a Paolo por el monte, Cristina, nuestra vecina alemana nos prestaría dos caballos.

La casa de Cristina estaba a un kilómetro de la nuestra, allí tenía su pequeña cuadra con varios caballos y algunos asnos.
Así que cogimos un mapa, preparamos provisiones para el día completo y nos tiramos al monte, Sara y Cristina, que decidió acompañarnos en último momento, completaban la excursión.

La dueña de los caballos nos pidió precaución.

-Mis animales llevan unos días muy nerviosos, parecen asustados de algo así que vayan con cuidado.-

Marco y yo nos miramos cómplices así que le conté a Cristina lo que sabíamos, lo de mi perro y también lo de las gallinas y el cordero de la señora Manola.
Cristina abrió los ojos mostrando su asombro por lo que yo le contaba.

-Ahora me explico lo de los buitres, debe de haber más animales muertos en la zona.- dijo la alemana.

Marco y yo la miramos interrogantes.

-¿Es qué no miráis al cielo nunca? Todavía es temprano, están esperando a que el aire se caliente para coger altura, dentro de un par de horas estarán otra vez ahí, arriba de nuestras cabezas.-


En varios kilómetros a la redonda preguntamos en toda casa y granja que encontramos, en la mitad de ellas habían desaparecido animales o se lo habían encontrado degollados. En el mapa señalamos cada granja y la fecha del ataque.

Francisco, el molinero, nos enseñó su escopeta preparada.

-Me han “desangrao” dos gallinas, cuando las encontré estaban sequitas, os digo yo que lo que está matando a nuestros animales no es de estos montes. Debe ser una alimaña extraña del infierno.-

Francisco tenía fama de fantasioso y “cuentacuentos” pero aún así sus palabras me provocaron un escalofrío. Me acordé de Mundo.-No puede ser él.- pensé tristemente.

Al mediodía hicimos una parada para comer en un pequeño prado protegido del viento por una gran roca. Cristina señaló hacía arriba con su dedo, una veintena de buitres adornaba el cielo azul.
En el mapa tracé una línea de unión entre las granjas atacadas, teniendo en cuenta las fechas todo apuntaba a que “aquello” se desplazaba hacía el interior, hacía zonas mas escarpadas. La próxima finca en esa dirección se llamaba Villa de la Luz y era un rústico pero lujoso caserío perteneciente a una Duquesa.
Fuera lo que fuera aquella alimaña sus días estarían contados si entraba en aquella finca, vigilada por grandes perros y guardias armados con escopetas no era un sitio muy aconsejable para los animales salvajes del monte.
Tras la comida emprendimos la vuelta.

Al día siguiente tuvimos visita, era la guardia civil.

-Hemos encontrado a un hombre que podría ser su primo, no lo sabemos con seguridad porque no llevaba documentación pero tanto por la descripción como por el sitio en el que lo encontramos indican que puede tratarse de él. Los vigilantes lo tomaron por un ladrón en las cercanías de la Villa de la Luz y según parece atacó a uno de ellos, le han disparado con bastante mala fortuna, lo siento.- dijo uno de los agentes.

Una hora más tarde salíamos del depósito de cadáveres tras reconocer el cuerpo. Definitivamente se trataba de Paolo y, definitivamente también y tras recorrer varias calles andando yo tenía la sensación de que alguien nos seguía.

Un hombre mayor, con canas y lentes, alto y con una barba blanca pulcramente cuidada nos asaltó una vez alejados de la morgue.

-¿Es usted uno de sus familiares?- preguntó a Marco.-Necesito hablar con usted, a solas, es delicado y por eso he esperado a estar lejos del tanatorio, no quería que nos vieran hablando.-

-Vale hablemos, pero él viene.- Marco no dejaba opciones, yo también debía estar invitado a la charla.

En una cafetería cercana nos sentamos frente a unos cafés.


El hombre misterioso dijo ser forense, de hecho dijo ser uno de los forenses que había hecho la autopsia a su primo.

-Han desautorizado mi firma, en cuanto expuse mi opinión a mis superiores llamaron a otro forense y amenazaron con joderme de forma seria si contaba algún chisme por ahí.-

-¿Qué diablos está pasando?- preguntó Marco en voz alta.

-Hable bajito por favor. Mire, el caso es que necesito el cadáver de Paolo para demostrar que tengo razón. Necesito su cuerpo para despejar algunas dudas y así poder explicar de forma lógica lo que ha pasado. Quiero aclarar las incógnitas que rodean su muerte.-

-¿ Le pegaron un tiro no? Porqué darle más vueltas.- Preguntó Marco enfatizando sus palabras con un gesto de las manos.

-El cuerpo de su primo contenía una gran cantidad de tetradotoxina.-empezó a decir el supuesto médico.

Automáticamente aquellas palabras me hicieron pensar en aquellas imágenes grabadas por Paolo. El forense siguió hablando.

-Es una potentísima droga que se utiliza en rituales en África y en algunos países caribeños.

Mi mente se trasladó a aquella jaima y el rostro del sacerdote bereber se hizo claro en mi recuerdo.

-A su primo no le mataron los perdigones disparados por una escopeta.- siguió diciendo el médico. Yo seguí recordando, la tetera, aquella poción extraña, la macabra botella.

-Señores.-apuntilló el forense.- A Paolo no lo mató un disparo. Paolo hacía más de una semana que…en fin, lo que quiero decirles es que cuando dispararon a Paolo su primo estaba ya muerto. Llevaba más de una semana muerto

miércoles, noviembre 08, 2006




UNA NOTA EN LA TAQUILLA I.

No sé por donde empezar así que empezaré desde el principio, desde mi principio, o lo que es lo mismo, desde mi primer día de trabajo.
Me llamaron ayer por la mañana, mi nombre estaba, como el nombre de otras miles de personas en la lista del paro.
-¿Es usted Guillermo Sanmartín? mire usted le llamamos del Inem, se necesita urgentemente un portero de noche para un hotel de lujo de su localidad.¿le interesa?.-
-Claro que me interesa ¿a dónde hay que ir y donde hay que firmar?.-
Tras anotar la dirección me fuí sin pensarlo dos veces hasta el hotel. Llevaba tres meses sin doblarla y estaba seco como una mojama.
Un tipo de unos treintitantos años, Roberto Figueroa , delgado y agradable me dice que es el director y me explica en que consiste el trabajo, nada difícil ni laborioso, atender llamadas, hacer entradas de clientes, cobrar facturas y algunas cosas más de estar sentado y solo. Ideal para mí y para mis aficiones sedentarias.
-¿Cuándo empiezo señor...?-
- Figueroa, Roberto Figueroa y sí usted no tiene inconveniente puede empezar esta misma noche. Su antecesor en este trabajo dejó el puesto sin avisar y todavía no sabemos nada de él, ese sujeto se puede dar por despedido así que usted no tenga temor alguno a que aparezca. Somos gente seria, ni una llamada hizo el sinvergüenza, abandonó su puesto de trabajo en plena jornada laboral dejando el hotel solo y a los clientes indefensos en medio de la madrugada. Un verdadero irresponsable. Además su comportamiento nos hace sospechar que bebía y se drogaba.

Lo siguiente fué conocer a los compañeros y compañeras, que en temporada baja son pocos.
La recepcionista de día tiene veintipocos años y se llama Pilar, gasta minifaldas por el ombligo y se maquilla en plan guerrero desde muy temprano, parece buena chica.
El recepcionista de tarde es un tipo muy delgado con gafas, también en la veintena, es como un híbrido de Mortadelo y el detective Anacleto.
Después están Fátima, Magdalena y Lourdes, las limpiadoras.

Ese primer día, ayer, llegué puntual, a las 00.00 horas estaba como un reloj dando el relevo a Mortacleto, éste me indicó mi taquilla y me dió la llave de la misma.
-Está tal como la dejó su antecesor, no la hemos abierto para nada así que haga usted lo que quiera. Aquí ninguno le teníamos mucho respeto a ese caradura, nos caía mal a todos y prácticamente ni le hablábamos. En fín espero que con usted sea todo mejor.
-Bueno se hará lo que se pueda.-Es lo único que atiné a decir, no imaginaba que los personajes de tebeo pudieran ser tan hijoputas, o ese portero de noche tan malo.
-Bueno, bienvenido al barco y que tenga buena noche, hasta mañana.-
-Hasta mañana... y una última cosa, tutéame por favor, no soy tan viejo.-
Tras asentir con una sonrisa trabajosa se largó ascensor abajo.

Una vez en soledad me dispuse a explorar la taquilla del portero desertor, una radio pequeña, algunas ropas y en el fondo de la taquilla un ejemplar de The Shining de Stephen king con una direccion electrónica escrita a mano en la primera página.
Apunté la dirección, lo dejé todo como estaba y cerré con llave.
Hacía mil años que no me sentaba a un ordenador, le eché valor al teclado y miré a los ojos a la pantalla, no me costó mucho encontrar la página.
Dentro encontré escrito lo siguente:

"Hoy he decidido terminar con esto y marcharme de aquí, mi obra está consumada pero la busqueda de un nuevo hogar y un nuevo trabajo se hace necesaria, éste diario ya no tiene sentido, desde ahora tendré obligaciones y mi corazón estará ocupado, no tendré tiempo para perderlo en tonterias electrónicas, poco a poco, curtiendo mi carácter en la soledad de la noche me hice un hombre y ahora tengo las mismas responsabilidades que los demás hombres, ese era mi único deseo, ser un hombre normal".

Este inquietante escrito es lo único que quedaba, había borrado el resto del diario cómo un acto de ruptura con el pasado, cómo un adios prematuro pero deseado.
En cualquier caso la multitud de ruidos extraños que estoy oyendo está haciendo mella en mis nervios...y sólo llevo dos días. No sé si duraré en este trabajo, éste edificio parece vivo y cargado de energias extrañas.
En cuanto al anterior portero de noche cabe la posibilidad de que aparezca por aquí pidiendo lo suyo pero, sinceramente, algo me dice que no lo hará.
Guillermo San Martín.

UNA NOTA EN LA TAQUILLA II.


Veinte centímetros es lo que tapa su falda, el resto, un metro de lujuria en cada pierna con tacones incluidos está todo a la vista.
Me releva a las ocho de la mañana pero está llegando cinco minutos tarde todos los días, hoy eso da igual porque me quedaré un rato, tengo que preguntarle algunas cosas.
Tras una noche tranquila, la tercera, en la que el sonido del viento y la lluvia apagó todo ruido nocturno, el desagradable y estridente pito del portero electrónico me saca de mis pensamientos a las ocho y cinco en punto, activo la cámara de seguridad y su rostro de señorita pepis aparece en el pequeño monitor, es ella.
-Oye Pilar, ¿se sabe algo del anterior portero de noche?
-Nada que yo sepa, si teme por su puesto no se preocupe, ese sujeto está vetado en esta empresa de por vida y tampoco creo que nadie le eche demasiado de menos.-
-Pero tendrá familia, amigos, que se yo.-
-¿cree usted en los milagros?.-
-De momento no ¿por qué?.-
-Porque sí alguien de la raza humana siente el mínimo afecto por ese energúmeno si que sería un verdadero milagro. Mire le voy a dar un consejo, olvídese de ese tipo, aquí todos creemos que estaba un poco loco.
-Pero ¿tan mal tipo era?-
-Más que malo era desagradable, no saludaba, vivía en una furgoneta y no se relacionaba con nadie, pero claro, meter no se metía con la gente, hacía su trabajo y se iba, aunque algunos dicen que hacía cosas raras.
-¿Algunos?.-
-Bueno...Don Leandro es el que lo dice, un anciano que se levanta a las cinco de la madrugada para andar por las calles, pero todo el mundo sabe que Don Leandro está un poco "pallá".
-¿Y que dice el bueno de Don Leandro?
-Pues que el portero entraba y salía del hotel y que también entraba y salía en la antigua casa, la que están derribando, que si criaba gatos y más historias. No sé , locuras de viejo o en caso contrario, actos de un tipo que no duerme nunca de noche, que no tiene casa.-


Ya en la puerta del hotel la sinfonía ensordecedora de excavadoras y grúas empieza a tronar en el derribo de la casa colindante, las voces de los obreros y los ruidos metálicos apagan todo el piar de los tempraneros pájaros urbanos. De aquí a unos días y a pesar de la lluvia allí donde había una gran casa sólo quedará un solar, vacío y a la espera de nuevos apartamentos de lujo.
Yo enfilo el camino a casa, buscando el calor de mi cama, contento de no estar en el pellejo de uno de esos obreros y pensando en casas abandonadas y familias de gatos.

UNA NOTA EN LA TAQUILLA III.

En mi cuarta noche me puse a explorar los rincones más ocultos.
Linterna en mano penetré en la oscuridad de la planta baja, dos grandes salones que hacen de restaurante y bar nocturno que abren al público sólo en verano, a partir de Otoño sus dos puertas a la calle principal se mantienen cerradas hasta la siguiente temporada.
La decoración es moderna pero tanto el suelo, de madera y losas artesanales, y los arcos que adornan paredes y techos denotan antigüedad.
Entro en la cocina del restaurante, enciendo la luz y apago la linterna, bajo el pálido parpadeo de los neones veo azulejos blancos y cacharros de acero, pequeños, grandes y gigantes, ollas en las que cabe una persona, cazos en los que cabe una cabeza humana y cuchillos, cuchillos de todos los tamaños colgados de la pared por medio de barras imantadas.
Sólo el débil crepitar de los tubos luminosos rompe el silencio.
Una voz en mi interior me dice que me vaya pero otra, más poderosa, me obliga a agarrar el cuchillo, el más grande, siento el calor de su puño de madera en mi mano, con la otra mano toco la fría hoja.Observo el cuchillo en mis manos, con el fondo pálido y enfermo de los azulejos detrás. Siento un escalofrio y pienso que no es el negro sino el blanco el color de la muerte, el de la enfermedad y el de la vejez.
Mis dedos empiezan a temblar así que coloco la hoja de treinta centímetros en la barra imantada, el cuchillo, cómo por arte de magía y a pesar de su gran peso se queda colgado.No quiero quedarme yo también "colgao" así que salgo de allí a escape.
Entro de nuevo en la oscuridad de los salones, enciendo la linterna y me dirigo hacía la puerta de salida, salida a un pasillo interior que lo comunica todo, ascensor, escaleras, recepción y la tercera puerta al exterior, ésta es la que usan los huéspedes y da a un callejón estrecho que sirve de entrada al hotel, al fondo del callejón la casa colindante ya casi derribada.
Opto por subir al ascensor, primera planta para recepción, almacen, despacho del director y dos habitaciones, segunda y tercera planta sólo para habitaciones y en la cuarta, lavandería y más habitaciones.
La quinta la ocupa la Suite y la gran terraza con vistas a la ciudad, al castillo y de fondo...
... de fondo el mar.
Por último y como punto más alto encima de la suite hay un ático donde reposan, tras una oxidada puerta de hierro las dos grandes calderas para el agua caliente, junto a esa puerta hay otra, también oxidada y cerrada con un viejo candado del que no tengo la llave.
Miro a través de una rejilla metálica encajada en la puerta y sólo atisbo oscuridad, dentro , todo negro, ruido de motores, zumbidos de insectos y el silbo del viento...
...que más parece un lamento humano.
Así es el esqueleto de este edificio y cuando el viento cesa, el sonido de sus tripas me sigue inquietando.



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UNA NOTA EN LA TAQUILLA IV.

Tras el paseo turístico que llevé a cabo por todos los rincones visibles del hotel me puse a escribir en la soledad de recepción, sigue lloviendo, sigue el viento soplando fuerte, eso es bueno para mí, el viento me obliga a no escuchar los demás ruidos de la noche.
A las nueve de la mañana cogí la cama tras haber desayunado en Casa Paco, que es el bar de debajo de mi casa, ya sabeis, barra de acero, tapas y raciones, y cuadros de peces en las paredes.
Sobre el mediodía me despertaron las vibraciones, tipo dentista, y el tono sambero enlatado de mi teléfono.Era Pilar.
-Buenos días Guillermo, perdona que te moleste pero el director quiere vernos a todos, es decir, tienes que venirte a una reunión ahora mismo.
-¿Ahora mismo? ¿Voy con las legañas o da tiempo a quitármelas?.-
-Claro hombre.-le saqué una sonrisa.-En media hora si te parece.-
-Vale encanto, no hay mal que por bien no venga, el premio será verte.-
Le saqué otra sonrisa y colgó.

Reunidos en los salones de la planta baja.
En la reunión el director nos presentó a dos tipos, el inspector Suarez y su ayudante Corominas, ambos de la policia nacional. Hechas las presentaciones, Suarez, un cincuenton delgado y alto, de pelo cano y cuidado, pulcramente afeitado y oliendo a Brummel, sacó una carpeta con fotos y tomó la palabra.
-El caso es delicado y ante todo les pido absoluta discreción y que no hablen de esto con nadie, el asunto es que hemos encontrado una conexión entre varias personas desaparecidas, son personas a las que en un principio nada unía en cuanto a lineas de investigación se refiere, ¿me siguen?. Distintas procendencias, distintos estatus sociales, edades y género. Sólo un detalle común, todas estas personas estuvieron hospedadas en este hotel unos meses antes de desaparecer.Esta circunstancia nos pasó desarpercibida durante bastante tiempo, es algo normal, como podrán imaginar hay miles de denuncias por desaparición y un detalle como éste es difícil de apreciar en un principio.

El inspector empezó a repartir las fotos.
Eran personas en verdad muy diferentes, un señor regordete de unos sesenta años, una señora en los cincuenta, una chica veinteañera y la última, el visionado de la última foto hizo levantarse a Lourdes y correr hacia el cuarto de baño, creo que vomitó.
-Es que está embarazada.-dijo tímidamente Fátima para información de los que no lo sabíamos, los policías y yo.
La última pertenecía a un bebé de unos meses, de un año quizás, reposaba riendo en la colcha celeste de una cama de matrimonio con traje de lana blanco y gorrito.
Suarez siguió hablando.
-Intenten recordar a estas personas, cualquier detalle que pueda ayudarnos.-Acto seguido miró a Figueroa.-En cuanto a usted, señor director, tendrá que enseñarme los libros para reservas y hojas de entrada.Tambien una lista de las personas que trabajaron en el hotel durante el último año.Todo al detalle.-
-Por supuesto señor inspector, haremos lo posible por ayudar, la reputación de este hotel es inmaculada.-
Después se dirigió a todos.
-Hablaremos con cada uno de ustedes en privado, espero su colaboración, se pueden hacer a la idea de la importancia del caso, ese niño lleva desaparecido sólo una semana, ya me entienden, sus padres todavía tienen esperanzas.

Inspector y director se perdieron escaleras arriba en busca del despacho del ejecutivo, el resto nos quedamos con el ayudante.

Tenía que decidir rápido, antes de quedarme a solas con el pasma tendría que elegir si le hablaba del diario o dejaba que ellos encontraran la nota en la taquilla como yo la encontré.
El antiguo portero de noche volvía a aparecer, no estaba, no había vuelto, pero otra vez parecía cercano.
Mientras, en mi recuerdo, el aullido de los gatos en el callejón o quizás, el sonido irreal del llanto de un recién nacido en la noche, en mis noches.









-

UNA NOTA EN LA TAQUILLA V.

Antes de tocarme el turno de interrogatorio con el ayudante, el Sr. Figueroa bajó a buscarme.
-Guillermo, haga usted el favor de venir, le necesitamos.-
Acompañé al director por las escaleras y subimos a su despacho, allí nos esperaba el jefe de policía.

Me preguntó sobre el tiempo que llevaba trabajando en el hotel, sobre sí conocía al anterior portero nocturno y sobre otras cuestiones un tanto, un tanto rutinarias.
Al final me pidió que abriera la taquilla.

Obedecí y abrí la puerta de la taquilla cómo pude, una vieja en el Polo y rodeada de lobos hambrientos temblaría menos que yo en ese momento.
El inspector me miró interrogante al ver la expresión de mi cara.
-Y bien.- Preguntó por fín.
-Pues que no la abro desde la primera noche de trabajo y entonces había varios objetos, no estaba vacía como ahora.- Acto seguido me pidió que le hablara sobre los objetos.

Tras enumerar lo que hallé el primer día en la taquilla y hablarle sobre la dirección de internet que encontré escrita en el libro me pidió que yo mismo entrara en la web.

Mientras tanto el director asistía confuso a la escena así que el inspector se lo quitó de encima con una orden.
-Sr Figueroa, haga usted el favor de preguntar al resto de empleados sobre los objetos que había en la taquilla, quizá alguna limpiadora...no sé , quizás alguna la vació para limpiarla, las mujeres ya se sabe, siempre tienen que trastocarlo todo.-

Todavía no había terminado de formular la sentencia misógina cuando la página web se abrió en la pantalla.
De nuevo me miró interrogante al ver mi cara de sorpresa.

La página dónde mi antecesor escribía su diario, igual que su taquilla, estaba completamente vacía...
Por suerte el texto que yo encontré lo guardé en mis archivos, lo imprimí y se lo mostré al Inspector, tras leerlo se lo guardo en un bolsillo y me dijo que mandaría a un experto en informática para que se encargara de todo.
-Mientras tanto guarde la información que tenga en sitio seguro.-acabó diciéndome el alto cargo policial.
Asentí con la cabeza mientras pensaba que una cosa sí era bien segura...

El antiguo portero de noche había estado por allí...

UNA NOTA EN LA TAQUILLA VI.

Volví a mi casa ya tarde, con el tiempo justo de ducharme, cenar, relajarme un poco y volver al hotel para hacer mi turno.
A partir de la medianoche tenía que ocupar mi puesto como ya era costumbre, aquella sería la séptima, mi séptima noche en el hotel.

El día había sido duro, tras marcharse la policía el Sr Figueroa nos pidió que nos quedáramos, todo el personal laboral menos Mortacleto nos reunimos durante otra media hora en los salones de abajo, sólo habló Figueroa, el resto quedó en silencio y yo ni siquiera le presté atención, intuía sus palabras sobre la discreción y sobre el antiguo portero de noche ya en busca y captura y tal, no hizo falta escucharle, con su voz de fondo como un murmullo quedé en estado catatónico durante los treinta minutos que duró el monólogo directivo.

A las once y media de la noche emprendí camino al trabajo, caminando, como también me era costumbre, recorriendo las calles estrechas del casco antiguo, pisando su empedrado, respirando el aire puro de la noche después de la lluvia.
Llegué al callejón y a la puerta del hotel, miré mi reloj, faltaban quince minutos para mi entrada, tenía tiempo.

Me dirigí hacía el fondo, hasta la puerta de la casa colindante, la fachada era muy estrecha y más bién parecía la base de una antigua torre con su puerta forjada abajo.

Atisbé a través de la gran cerradura pero la oscuridad de la noche era impenetrable.

Mortacleto me esperaba con todo ya puesto para irse, también había sido un día duro para él, supongo.
Una vez seguro de su marcha cogí la linterna y bajé a la cocina, allí estaba todo igual, las ollas, los cazos, los cuchillos...allí también se guardaba la escalera de mano, una muy ligera de alumino.

Cargado con linterna y escalera, pensé en coger también un cuchillo pero desistí, encaminé mis pasos hacía la puerta de lo que quedaba de la casa colindante.
Apoyé la escalera en la pared, junto a la puerta, y subí hasta arriba.

El espacio de dentro se abría cómo un hongo nuclear y resultaba que el solar de la casa era mucho más grande de lo que parecía a tenor de su fachada, que era lo único que se mantenía en píe.
Dentro ya no había ni techos, ni muros, ni un tabique, ya no quedaba nada exceptuando el pozo, que sobrevivía en silencio en uno de los rincones de lo que, supongo, sería un patio interior.

Solo quedaba a la vista el pozo y algunas huellas del pasado, señales dónde hubo una escalera o azulejos blancos o celestes donde hubo un cuarto de baño.
Lo que a la luz del día podía ser la imagen más normal y cotidiana, bajo la luz de mi linterna parecía irreal...
el vacío del derribo se volvía tétrico y lleno de sombras inquietantes.

El sonido...
El sonido lo ponían los gatos...o eso creo.


UNA NOTA EN LA TAQUILLA VII.

Todavía encima de la escalera, observando el pozo desde lo alto de la tapia pude oir un ruido a mis espaldas, antes de que pudiera mirar hacía atrás para buscar el origen una sombra ya estaba a mi lado, a pie de escalera, miré hacía abajo y sólo pude ver la pistola en su mano.

-¿Quién es usted? ¿Qué se supone que está haciendo?.- me dijo la sombra.
Detrás de la sombra apareció otra de silueta más familiar.
-Guarde su pistola agente, es el portero del hotel.- Corominas, el ayudante del inspector había hablado, el poli obedeció al segundo con un "Si señor".

Ya por la mañana el jodido pito del portero automático me hizo saltar del sillón, en el monitor de la camara de seguridad la señorita Pepis me daba los buenos días muy seria, normal, corren malos tiempos para todos.
Ya en la puerta le deseé con una sonrisa que tuviera un buen día, pero antes de irme decidí preguntarle:
-Oye Pilar ¿Cuándo empezaron la demolición de la casa de al lado?-
-Pues hace unos días, una semana quizás. Si, una semana, recuerdo que las máquinas llegaron el mismo día que tú empezabas a trabajar, hace una semana justa.-

Acostado ya en mi cama empecé a darle vueltas.
Una semana llevo trabajando, una semana hace que empezaron las obras, una semana ha pasado desde que el portero anterior desapareciera y lo que más me inquietaba, el mismo tiempo, exactamente, hacía desde la desaparición del recien nacido.

Decidí marcar un número, el que venía impreso en la tarjeta del Inspector Suarez.

UNA NOTA EN LA TAQUILLA VIII.

Me reuní con el inspector una hora más tarde y le conté mi teoría de los siete días.

El inspector se llevó la mano derecha a la barbilla y la otra al costado, tras unos segundos de silencio empezó a hablar con acento de ningún lado.

-Mire... no puedo contarle mucho a pesar de estar usted metido en este asunto hasta el corvejón, aquí el profesional soy yo y el que tiene que mojarse también.
Sólo puedo decirle que somos conscientes de que coinciden las fechas, nuestros informáticos también han confirmado el origen desde donde fué creada esa página en internet y hemos analizado de pe a pa el "escrito misterioso" que usted nos dió. Para finalizar tenemos una prueba casi concluyente y es que las desapariones coinciden en fecha con los días de descanso de su antecesor, por último esta mañana hemos encontrado su furgoneta, de lo que había dentro sí que no le puedo hablar. Olvídese del asunto, usted bastante tiene ya con pasar las noches ahí solo.
Déjelo en manos de la policía, la vida de tres personas y un bebé podrían estar en juego, por cierto, anoche pudo comprobar que no nos cruzamos de brazos ¿no es cierto?.-

La conversación quedó ahí, sin dejar que yo contestara se despidió y amablemente me pidió que no metiera más las narices en el asunto ni diera más paseitos nocturnos por los alrededores del hotel.

Este Inspector iba en Vespa.
...Y yo iba andando.

UNA NOTA EN LA TAQUILLA IX.

Los obreros volvieron.

A las ocho de la mañana empezó el jaleo en el solar ya vacío de la antigua casa, cinco minutos más tarde me fuí escaleras abajo y salí al callejón, esperaría allí a Pilar.

Observando el ir y venir de cascos verdes y blancos me llevé una grata sorpresa, un casco volaba sobre los demás, a más altura, mi amigo Mundo, albañil de la NBA andaba por allí dando órdenes a los peones.
Mediante un silbido conseguí que mirara y me viera, dos piernas de a metro y medio cada una emprendieron la marcha hacía mí.

Tras los saludos pertinentes fuí al grano y me contó lo siguiente:

Hoy derribarían el muro exterior y en su lugar pondrían una valla de seguridad metálica, mañana empezarían con las excavaciones para la cimentación de los nuevos apartamentos.
Le pregunté entonces por la antigua casa y fué cuando me contó lo más interesante.
Me dijó que cuando llegaron con las máquinas, los primeros obreros en entrar se encontraron con algo muy curioso. Una de las habitaciones aparecía limpia y descombrada en medio del caos que supone una casa en ruinas, había una gran mesa y varias sillas y una chimenea que todavía olía a leña y comida.
También un pequeño cuarto de baño parecía haber sido utilizado hacía poco.

En ese momento, sin tiempo para asimilar la información apareció Pilar, falda roja cortaojos encima de unas mallas negras ajustadas y unas botas altas con tacones de aquí te quiero ver.
Desde el solar vinieron algunos comentarios de albañiles.
-Niñaaa me gustas más que la hora del bocata.-Dijo un de ellos a viva voz.
-Eso es un conejo y no el bugs buni.-Dijo otro un pelín más bajito.

Pilar se perdió en las entrañas del hotel sin hacer caso pero con media sonrisa en sus labios, sus atuendos de infarto seguían impactando y eso era un triunfo para élla.

-Bueno... pues eso es lo que sé.-me dijo Mundo antes de largarse dando grandes zancadas en dirección al tajo, tendrían que derribar y desescombrar el único muro que quedaba en pié.

Yo por mi parte me descombré el cerebro y me acordé de aquel anciano, el señor Don Leandro.

UNA NOTA EN LA TAQUILLA X.

Tras la charla con Mundo me fuí directo al Café Occidental a tomar café y tostadas con pringá, leería el periódico hasta las diez, hora en la que abren el estanco de la calle Central, allí saben todo lo que pasa en el barrio.

El estanco de la calle Central está regentado por Maxi, un cofrade jevi de casi cuarenta años entrado en carnes, barbudo y greñudo.
Su abuelo, Maximiliano, llega a los ochenta años y le ayuda de vez en cuando, con su paso torpe y lento te dá el tabaco que le pides, es lento pero nunca se equivoca y conoce al dedillo todos los productos tabaqueros. No obstante el estanco lo montó él hace cuarenta o cincuenta años.
Siempre tienen música puesta, marchas cofrades cuando está el abuelo y los AC/DC o los Manowar cuando está el nieto.
La decoración es antigua, cristos, vírgenes y carteles de Semana Santa en las paredes y un montón de souveniers del año la pera que nunca se vendieron en las estanterias y escaparates.
Hay de todo, barcos de madera en miniatura, fotopostales oxidadas, llaveros de los tiempos de Franco, todo tipo de objetos y regalos hechos con conchitas y caracolas de mar, guerreros medievales de plomo, colecciones de dinosaurios de plástico.
Todo tiene un halo de antiguedad, en el estanco de la calle Central todo huele a viejo, el aire también.

Entré en el viejo local dando los buenos días, Maxi me los devolvió acompañando sus palabras con un redoble de manos en el mostrador, sonaban los Maiden.

-Dame tabaco de liar Maxi.-
Cuando todavía no había cogido el tabaco de la estantería, todavía vuelto de espaldas, le entré a matar.

-¿Oye Maxi conoces tú a ese anciano, Don Leandro? ¿Sabes donde vive? ¿si tiene familia?-
Maxi puso cara rara pero en ese mismo momento acababa la canción de los Maiden y empezaban los acordes de un tema de Taste y eso me ayudó a romper el hielo.
-Grande Rory Gallaguer.- le dije intentando quitar metralla a la ráfaga de preguntas.
Maxi sonrió cómplice y empezó a largar.

Don leandro andaría cerca de los ochenta años y era policía local retirado, por lo visto acabó un poco desquiciado no se sabe bien porqué, el caso es que , ya jubilado, hacía cosas extrañas como situarse en medio de la carretera a dirigir el tráfico o patrullar su propio barrio porra en mano.
Eso le llevó a tener problemas con el resto de mortales y estuvo un tiempo recluido en un hospital de salud mental, al salir, atiborrado de pastillas ya no era el mismo y se limitaba a levantarse muy temprano y recorrer las calles del centro andando.
-Anda arastrando los pies, así.-me dijo Maxi, mientras intentaba imitar el paso del viejo.
-¿Me dices dónde vive, Maxi?-le pregunté por fín.

Salí de allí con una sóla intención, conocer a Don leandro, el viejo policía que incluso ya jubilado siguió cuidando del orden y la ley.

UNA NOTA EN LA TAQUILLA XI.

Dispuesto a terminar con esta historia me encaminé hacía la dirección que me dió Maxi, el estanquero cofrade y jevi.

Don Leandro vivía en una casa en las afueras, a la que se llegaba a través de un camino de tierra amarilla flanqueado de aucaliptos que en otro tiempo fueron encinas.
Caminando, como siempre, bajo el sol del mediodía llegué hata la verja de entrada.
Era una casa de campo, con jardín rodeado de setos que servían de limite con el exterior y a la que la ciudad iba comiendo terreno, acercándose silenciosa la urbe acabaría engulléndola.

Eché un vistazo desde el exterior, no había señales de vida así que decidí saltar la verja y entrar en la zona ajardinada.
Recorrí el tramo de camino empedrado que llegaba hasta la puerta de la vivienda y atisbé tras los cristales de una de las ventanas, no se veía a nadie.
Me ayudé de mis conocimientos de ex-delincuente juvenil y forzé una de las ventanas, ya estaba dentro.
La primera impresión recibida fué captada por mi olfato, olía raro, mezcla de humedad y comida rancia, seguidamente mis ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad interior.
No había mucho desorden, no más que en cualquier otro hogar, a través de un pasillo que comunicaba con todas las demás habitaciones llegué a lo que parecía el salón.
Una mesa y varias sillas, un sofá, chimenea y televisión.
Encima de la repisa de la chimenea un portafotos familiar era el único detalle decorativo de la espaciosa habitación.
Con mano temblorosa agarré el portafotos y encendí mi teléfono móvil a modo de linterna, en la foto se podía ver a varias personas sentadas en un sofá y a otra de pié, la persona que estaba de pié era un hombre de unos treinta años con un bebé en los brazos, parecía una foto familiar como cualquier otra si no fuera por un pequeño detalle que me heló la sangre.
Entonces recordé las fotos que nos mostró el inspector Suarez, allí estaban, la chica de ventitantos años, el señor sexagenario regordete, la señora cincuentona y un señor tan viejo que debía ser el señor Don Leandro, por último, y en brazos de la única persona con vida de la foto estaba el recién nacido, aquel bebé desaparecido.
Sí, era una verdadera foto familiar, tan normal como cualquier otra si olvidábamos ese pequeño detalle, y es que todos, excepto el cabeza de familia, aquel hombre con un niño en brazos, parecían sin vida, posaban ya muertos y obligados a formar parte para siempre de una familia que no era la suya.
Prácticamente con el pulso y el corazón al límite marqué en mi teléfono movil el número del inspector Suarez.
No me dió tiempo a decir "hola", el golpe en la cabeza me dejó kao.

Tumbado en el suelo, consciente pero sin poder mover un solo dedo, paralizado, el agresor traicionero, el mismo hombre que aparecía en la foto sujetando al niño, me agarró de los pies y empezó a arrastrar mi cuerpo.

Aterrorizado, con mi espalda tocando el frio suelo maldije en silencio al inspector Suárez ¿por qué había estado tan lento esta vez? ¿por qué no se me adelantó como siempre hacía?.

Mi agresor empezó a murmurar frases para sí mismo mientras me arrastraba no sé adonde.

-No me quitarán a mi familia, he luchado por ella y me costó sangre y sudor encontrar otro hogar cuando aquellas málditas máquinas llegaron. Todo el mundo tiene derecho a un hogar, a una familia.
Yo sólo quería ser un hombre normal.-

Tumbado boca arriba escuché aturdido sus palabras y pude verle la cara, desde la perspectiva que te da el suelo por fín conocía al antiguo portero de noche.

En ese instante pude entenderlo, tarde, pero podía entenderlo.
Lo peor de todo es que ahora, desde este mismo momento, yo también pertenecería para siempre a élla, a su familia.

FIN.

viernes, septiembre 22, 2006


FACA Y SEMILLA.

Noche libre en pleno invierno, es jueves y me voy al "Túnel", tugurio de entre semana donde se mezcla el personal más variopinto, camareros insomnes recién salidos del curro, farloperos, maricones, putas, guasas, borrachos y artistas golfos, gente normal.
Me encuentro con Pati y Clo, dos chicas argentinas a las que he ayudado a instalarse en la ciudad, nos llevamos de puta madre y son todo risas, bebemos y celebramos que ya tienen casa, estamos contentos y soy la envidia del bar.
Un fulano apodado "El Serbio" se me acerca y me da un sobrecito de plástico herméticamente cerrado que me guardo sin mirar lo que es.
-Gracias hombre, espero poder usarlo.-
-Qué dices tío, te las dejo en ocho euros.-Me dice al oído con acento raro, supongo que acento serbio, o yugoslavo, o de su puta madre.
Me saco el paquetito del bolsillo y lo que me pareció un condón resulta que son semillas de maría.
-Que va tío no me interesa.-Se las devuelvo.
-Ah tío tú te lo pierdes, es de lo mejor.-
-Vale vale.-Doy por terminado el asunto e intento regresar a donde estaba.
El tipo es obstinado, ahora, aprovechando que el bar se está llenando se pega a nosotros, primero con furtivos empujones a las chicas y después arrimando el cuello hasta meter su cabeza entre las nuestras cual morlaco mosqueao.
El fulano, nervioso, no para de moverse y suda la camiseta, en un arrebato se la quita, está fuerte el jodío, muy borracho sí, pero el tío es todo un prenda, intuyo que producto de horas en algún sucio gimnasio taleguero.Empiezo a desconfiar.
-Chicas, creo que es hora de largarse.-
-Estábamos pensando lo mismo, ese tío es un boludo.-
-Me parece a mi que es peor que eso.-
-¿Porqué no estrenamos la casa?-Preguntan las dos al unísono.
-Cojonuda idea, larguémonos.-
Pagamos, nos despedimos y enfilamos hacía la puerta, ya fuera el aire es fresco y agradable, ha llovido y está limpio, huele de puta madre.
Pero el tío nos sigue y sale a la puerta, torcemos una calle y el "Serbio" detrás, empieza a gritarnos
-Eh cabrones, hijosdeputa.-
Mi lengua no aguanta más mordiscos y le digo que se vaya al carajo, está a unos treinta metros calle abajo, el cabrón agarra una gran bolsa de basura y empieza a correr en nuestra dirección.
-Iros hacía casa, corred.-Le digo a las chicas.
Ellas corren y yo me quedo esperando, en medio, esto parece el juego del pañuelo, llega a mi altura y me lanza con violencia la bolsa, la esquivo y lo paro momentáneamente de un empujón, pero insiste y sigue adelante, el cabrón quiere a las chicas, lo agarro como puedo pues sigue con el torso desnudo y grito -¡Corred, rápido, nos vemos allí!-
Lo detengo a duras penas, menos mal que el tío está muy pedo porque es una mala bestia de verdad, le doy otro empujón y logro tumbarlo en medio de la calzada, es el momento de aprovechar, las chicas ya habrán llegado a casa así que empiezo a correr pausadamente, mirando hacia atrás y dando un pequeño rodeo para despistar al guasa.
Ya dentro de la casa, una planta baja con ventanas a la calle, con las luces apagadas y a través de las rendijas de la persiana lo observamos merodear, golpea los contenedores para basura y nos llama a gritos -¡Cabrones! ¿dónde estáis?- Sabe que estamos cerca.
-Llamad a la poli, ese es un tarado y qué se yo lo que puede hacer.- dice Clo.
-Voy a llamarla pero que sepáis que no le harán nada, si no le denunciamos no tienen nada de qué acusarle y yo paso de líos.-
Llamo a la policía local y les cuento la movida, al rato aparece una patrulla, le dan un pequeño sermón y se largan dejándolo allí.
-Oye chicas vayamos a lo nuestro, olvidaros ya de ese cabrón.-

Y bien que fuimos a lo nuestro, y bien que nos olvidamos del tipo cabrón, velada cojonuda y ya por la mañana de vuelta a mi hogar, a dormir de verdad, un portero de noche duerme cojonudamente bien por el día y acostarme cuando todos se levantan es para mí todo un lujo.
Pelopincho, mi vecino, estaba ya despierto y desayunando en la terraza.
-¿Te has enterado tío?.-Me pregunta con excitación.
-De qué.-
-Anoche rajaron a un guiri y después hubo tiros de la poli persiguiendo al que lo hizo.-
-¿Pillaron al tío?
-Si, uno al que le dicen el Serbio.
-Joder.-Tragué saliva.-¿Y el guiri?-
-La palmó, un belga de treinta años, pobrecillo.-
Tragué más saliva.
Ya estaba en mi hogar y había estado una vez más despierto toda la noche pero esta vez no... esta vez el placer se volvió inquietud y... y no pude dormir cojonudamente bien por la mañana.

Fin.
Buenas Noches
Portero de Noche.

sábado, septiembre 09, 2006


HORMIGONERAS ASESINAS.

El rotaflex, máquina diabólica donde las haya empezó a tronar provocando un momentáneo bajón de elctricidad en toda la sala, cubos, sacos de cemento, de yeso, ladrillos, andamios herramientas , cables, escaleras, losas y sobre todo polvo, mucho polvo, polvo rojo de ladrillo o gris del cemento, polvo chungo, del malo.
Mundo, albañil de la NBA, amigo del alma y uno de mis jefes en el tajo apareció como por arte de magia tras la cortina de polvo, rebosado cual polvorón de casi dos metros, con el rotaflex en una mano y la pieza cortada en la otra, el trozo sobrante yacía muerto a sus pies.
Morito, su perro, listo como el hambre e indiferente a la contaminación buscaba algo entre el montón de leña que el dueño tenía apilado en el garaje, incansable, obstinado y cabezón metía el hocico hasta hacerse daño.
-Una rata, fijo ¡ah por ella Morito!-le jaleaba Mundo.
-¡Ah por ella!- Joaquín , el otro oficial, se unió al jaleo.
Morito ya no era un perro sino un torbellino de pelo rizado color crema, ahora pacá, ahora pallá, con un sprint y un cambio de ritmo que ni Ben johnson enfarlopao hasta las cejas. Esa rata iba a caer y nosotros ya no eramos albañiles sino público entregado a su ídolo:
-¡Hale Morito¡ Gritamos todos haciéndole la ola, olvidándonos por un momento del puto rotaflex, de la puta pala, de la arena sin playa , del cemento gris como el llanto y sobre todo de la puta hormigonera, engendro diabólico donde los haya.


Dedicado a Morito, donde quiera que esté, a la familia alegría y a la pequeña gran alegría que viene en camino ¡ Tierra tiembla !
Buenas Noches
Portero de noche.

miércoles, septiembre 06, 2006


TRIPAS Y VENTANAS.

Hoy las tripas que cantan son las mías, me las he camelado con excusas y desde esta mañana no me lleno el buche, pienso en secreto, ibérico, y en jamón pata negra, en patatas bravas y en cerveza fría.
Después pienso en mujeres, gula y lujuria juntas , el secreto, no ibérico sino universal, de la vida alegre y feliz.
Ya van quedando habitaciones libres y eso supone mucho para mi, más que la posibilidad de tener mi propia habitación con todas las comodidades, por encima de eso, está la ventana, agujero de libertad con vistas a la calle principal, al aire, a la gente, a otros sonidos y a otros ruídos... aunque el viento siga soplando con fuerza y su voz se haga obedecer por casi todos.
Esa ventana me permite volar, visitar otros mundos y volver al mío después.
Esa ventana me obliga a olvidar el olor a oficina de la recepción, el olor a tinta y a plástico, a tarjeta de crédito y a árbol muerto dentro de una impresora, esos mismos olores que detesto desde hace ya tiempo.
La ventana, que invento tan generoso, un montón de inventos en uno solo, aire acondicionado, iluminación al gusto, ambientador, televisión y radio, papelera, macetero, espejo y repisa, un cuadro pintado de libertad.
¿Qué cosa en el mundo ofrece más, a cambio tán solo de un trozo cuadrado hecho de aire?
La ventana, indiscreta siempre, amiga y hermana del reo, vía de escape de la quema y enemiga de balones y niños callejeros ... qué al fin y al cabo son los únicos que no las necesitan para nada, si acaso para romperlas, siempre desde fuera eso si... siempre desde fuera.



Buenas Noches
Portero de Noche.

martes, agosto 29, 2006


BICICLETAS.

-Me arregla el pinchazo y el cable del freno- preguntó el Culopompa.
-Sin problemas, estará en una hora .Es una buena bicicleta de carreras, cuídala chico.-le contestó el mecánico.
-Es una lástima que esté tan gordo, pobre bicicleta.-acabé yo diciendo en plan graciosito.
El viejo mecánico se giró muy lentamente hacía mí, sin prisas, y también muy lentamente, para que me quedara bien claro, me dijo mientras se limpiaba con un trapo la grasa de las manos:
-Oye chaval quizás esa bicicleta esté hecha para él, quizás esa bicicleta le ayude a estar mas delgado ¿o tan listo que eres no lo sabias? Quizás dentro de unos años él esté delgado y tú estés gordo todo gracias a esa bicicleta ¿O tampoco sabías que el mundo da vueltas?.
Ni que decir tiene que me dejó en fuera de juego.

Desde entonces un servidor intenta no hacer gracias ni chascarrillos sobre el físico del prójimo a no ser de forma cariñosa y aceptada, aprendí bien la lección con aquella hostia verbal que me endosó el sabio mecánico de bicicletas.
Corrían los primeros años ochenta y todavía las cosas se llevaban a arreglar, eran tiempos de talleres de motos y bicis, de teles y radios, de artesanos del zapato y la ropa, eran los tiempos de los bicicarros panaderos, del aguador con barrica y mulo, de los afilaores callejeros y de los gitanos con cabra y trompeta.
El circo, las pistas de choque, el lechero, el cisquero, las máquinas pimball y el practicante, eso que hace ahora el ATS.
En esa época, con esa edad y en un barrio como el que yo crecí las bicicletas se utilizaban todo el año. En invierno, cuanto mas barro y charcos mejor.
A las bicicletas de paseo se les quitaban todas las mariconadas: guardabarros, manillar, portamaletas...para empezar después la transformación, un manillar y un guardabarro cortado de Puch Cóndor por aquí, unas manetas de freno de una Puch Cobra por allí, unos pedales de carreras por otro lado, una morcilla protectora de Derbi o un retrovisor de Vespa, todo bien encajadito y ¡hala! a pegar saltos.
Nos ibamos a un circuíto hecho por nosotros mismos en la ladera de un cerro cercano al barrio y había incluso quién se arriesgaba y se tumbaba a píe de rampa, se llegaban a poner hasta diez o doce chicos unos detrás de otros boca abajo para ser saltados, todos estábamos allí, bueno todos no, el Culopompa era el único que tenía bici de carreras y prefería la carretera, además ni siquiera vivía en el barrio, sólo iba a ver a su vieja abuela.
Buenas Noches
Portero de Noche.

XX.
Y yo lo entiendo joder, el regreso al trabajo después de las vacaciones de agosto tiene que ser jodido, cómo jodidas son las caravanas que se chupa el personal el día de la vuelta.
Supongo que a los dueños de las empresas instaladas en las grandes ciudades les conviene que todo el mundo se vaya al mismo tiempo pero en realidad es un coñazo y cambiar esa realidad una revolución pendiente.
Así es normal que la gente vuelva mas estresada de lo que se fué después de sufrir caravanas, aglomeraciones, euroclavadas y malos servicios y también es normal que alguna necesite desfogar destrozando el coche del jefe o echando mano de cuerda y viga.
La gente que viaja durante el resto del año sin importarles el nivel de temporada sabe que comerá, dormirá y lo hará todo mejor y a mejor precio en temporadas bajas, normal.
También es normal que haya menos fraúdes y engaños en la oferta turística, menos robos en domicilios y por supuesto menos accidentes en las carreteras.
Huir de las temporadas altas sólo proporciona ventajas al viajero, menos suicidios en Septiembre y a nosotros, los currantes de la hostelería...a nosotros nos dá la propia vida.
Buenas Noches.
Portero de Noche.

miércoles, agosto 23, 2006


EL LADO SANO DE MI CABEZA I.

La curva más peligrosa de la tierra, allá donde más pilotos hayan caído debería llevar su nombre, Lucía, esa mujer era toda curvas y estaba bañada, todita entera, del dulce peligro que atrae a los fulanos amargos cómo yo.
Curvas peligrosas dentro de una camisetita de tirantes a rayas y de unos tejanos hechos para su culo y sus tacones.
Los dos mexicanos llevaban las sillas plegables y la música, Patricia, la otra chica, las bebidas.
El after en la playa estaba preparado y yo, por purita casualidad, estaba allí, a la horita justa.
Las ocho de la mañana en la playa y todo es bonito, mi resaca se funde con el sonido de las olas y éste inyecta en mi mente, muy agitada, el efecto valium deseado por mi cuerpo ya vencido.
El grupo after camina en fila india por el estrecho sendero de tablas que conduce a la arena, van detrás mía, a unos metros, Lucía se adelanta y me ofrece una copa. -¿Te tomas algo con nosotros? ¿ron ó cerveza, qué prefieres guapo?.-
Elijo cerveza, me presento y les ofrezco mi ayuda.-para nosotras no ¿si quieres ayudar con las sillas?.-
Ofrezco mis manos al mexicano que iba mas cargado y las rehusa.
-Ahorita no me haces falta pelos necios.-
-Oye, en mi pueblo necio es lo mismo que imbécil.-le digo -
-En méxico es lo mismito que rizos. me aclara el tío.-¡Con todito respeto wein!- me termina diciendo al ver el escepticismo escrito en mi cara.
Con estas llegamos al final del sendero y montan el chiringuito, yo me quedo de pié y Patricia me ofrece una lata de Cruzcampo que acepto encantado.
Conectan el aparato de música, es uno de esos modernos de color plata que se abren, ni puta idea del nombre pero es un cacharro práctico, por pequeño, y no suena mal. Aquello empieza a sonar y pienso al minuto.-un buen cacharro para música de lo peor.-
Les pregunto los nombres, las chicas me contestan, Raúl, el mexicano simpático también, por contra el otro me vacila unos segundos y acaba por decirme que se llama Piter, intuyo que miente.
Lucía se encapricha conmigo, me saca a bailar, brinda con un servidor mil veces, halaga el color de mis ojos y me tira del brazo arrastrándome hacia todos lados.
-Oye Lucía no seas mala, ya sé que estarás acostumbrada a que los hombres se arrastren por tí pero estoy cansado y además no eres mi tipo. le digo sonriendo.
El efecto fue instantáneo y Lucía se fué a por mí.
-¿ No soy tu tipo, guapo?-Me susurra acercando la punta de su nariz a la mía y clavando sus tetas en mi pecho, mezclando el susurro de su voz, también adornado de curvas con mi aliento...un aliento adornado con aromas a bacardi, cerveza y chester.
El efecto Lucía también fué instantáneo, en mi ritmo vital y en la temperatura corporal del mejicano antipático cuya mirada se incendió cómo árbol en verano (para recalificarlo en invierno).
-¿Será la novia?- me pregunto, a la vez que me echo hacia atrás en vista del careto de mastín que ya "lucía" el mozo.
Raúl y Patricia, entre risas y conatos de baíle se enteran de todo, no obstante van a lo suyo.
Yo decido apartarme y camino unos ochenta metros hasta llegar a la orilla, me siento en la arena y contemplo la grandeza del mar, un tipo nada majestuoso a unos cien metros, su perrillo me ve, abandona la ropa del nadador y viene hacía mí, empieza a girar a mi alrededor a la velocidad de un tiovivo de carreras hasta que de un frenazo inverosímil se queda quieto y puedo acariciarlo, está completamente mojado y demuestra mucha alegría, ese tipo además de buen nadador es buen dueño de perros.
Mientras tanto el fuerte viento del Este me traía sus voces, creyentes ellos que desde tan lejos un servidor no oiría nada.
Los ladridos del mastín me llegaban con claridad.
-¿que pasaría si yo lo hiciera con una chica?-le increpaba a Lucía.-Estás regalada.-le seguía diciendo.
Estuve unos veinte minutos en la orilla, el tiempo de fumarme dos cigarros y acabar con la cerveza.-Bueno...-pensé.- les doy las gracias, adiós muy buenas y me abro pa mi casa.-
Cuando voy a medio camino Lucía sale corriendo alocadamente hacia mí, me temo lo peor, yo mantengo el paso, se acerca, se me tira encima, yo quieto como una momia dormida.
-Tu noviete se va a mosquear, sé buena Lucía.-
-¡Ay! me lanza un suspiro embaucador. Un suspiro trasparente como el cristal, cargado de MDMA y ganas de exprimir los sentidos del placer.
-Lucía, ya me voy, ya te dije que estaba cansado y creo que te he demostrado que no eres mi tipo.-
-No por favor, otra copita, ahora un roncito.-
Me sigue sobando, yo quieto, llegamos a la altura del mastín, que gruñe en silencio sentado en una de las sillas playeras.Raul y Patricia no están, fueron al aparcamiento.
-Agárrala compadre.-me dice el mastín.-No ves que la tienes regalada, tócala, aprovéchate.-
-No me gusta aprovecharme de nadie y tampoco me gusta esa palabra.-me dió tiempo a decir antes de que él se levantara en dirección a Lucía.
Primero escupió saliva mezclada con ladridos a diez centimetros de su cara, no recuerdo que la llamó, quizás zorra o buscona, no sé. Acto seguido el mal hijodeputa vino a buscarme la cara, la mala cara.
-¿Y tú, hijo de perra cuándo te vas a largar? Aqui tienes mi cara cabrón, ¡enséñate!-eso me dijo o eso creo recordar que me dijo mientras me daba un potente golpetón a dos manos en el pecho, me movió un poco pero aguanté el tipo.
Antes del segundo empujón intenté explicarle que la playa era de todos y que mi intención era la de irme pero que se tranquilizara. Nada, el segundo empujón cayó, él sabía que yo no pelearía y se aprovechaba así que opté por irme a escape, Lucía salió espantada medio llorando hacía los aparcamientos, yo le hice un gesto de desesperación al mastín, le dí la espalda y me puse a caminar tranquilamente por la playa en dirección a mi casa...mirando de reojo por si acaso pero el mastín no siguió mi rastro.
Al tomar la curva para salir de la playa me acordé de las curvas de Lucía, del buen nadador, de su perrillo y del mastín mejicano, mal perro y peor persona, vergüenza de los buenos mexicanos.
Un desgraciado con el cerebro lleno de ideas rectilíneas junto a una diosa de las curvas, mala mezcla, mezcla explosiva y carne de página de sucesos.
Buenas Noches
Portero de Noche.